¿Qué onda con Martinair y sus videos en pantalla gigante a la hora de la comida?
Hace un mes me embarqué en un avión de esta aerolínea holandesa rumbo a Amsterdam. No soy de los que suelen decir que “tal aerolínea es buenísima y tal otra es una cagada”. Para mí son todas más o menos la misma mierda. Y a pesar de que nunca había viajado en Martinair, no notaba cosas que la diferenciaran drásticamente de otras líneas aéreas (salvo los sombreritos rojos de las azafatas, onda Moroco Topo). El viaje, normal. Digo, todo muy “de avión”: vuelo llenísimo, asientos incómodos, un espacio menos que generoso para las piernas, comida de astronauta, tal y tal.
El caso es que, a la hora de la comida, por alguna razón que desconozco y que realmente me gustaría averiguar, les dio por poner un video de la National Geographic que mostraba a la madre naturaleza ejerciendo una de sus leyes más básicas, crudas y -por qué no- crueles: la cadena alimenticia.
“Apropiado”, pensé por un momento. Claro: nosotros, los pasajeros, comemos y en la pantalla los animalitos también comen. Igual era una interpretación muy pelotuda la mía, y la descalifiqué segundos después. Porque de ninguna manera podía ser apropiado que, mientras yo y como 400 personas más comíamos cada uno nuestro guiso recalentado con verduras de goma y ensalada de cartón, la gente de Martinair tuviera la ocurrencia de ponernos un video de tigres devorando cebras, o de dos monitos lindos revoloteando por los árboles (parecidos a esos que recogen monedas en una taza en las calles céntricas de algunas grandes ciudades, encadenados a una maquinola que toca una música nefasta, bla bla) cuando uno de ellos es repentinamente atrapado por la garra de un ave rapaz que pasa a toda velocidad y se lo lleva volando aaaaaalto por todos los aires al pobre monito. No recuerdo bien en qué terminó el episodio aquel, pero más adelante el mismo aguilucho agarra un caparazón –dentro del cual vive una tortuga que, lógicamente, se esconde al ver aproximarse semejante bestia– y se lo lleva. Y en medio de su vuelo allá, bien arriba y todo eso, se le suelta el puto caparazón y empieza a precipitarse en caída libre (acá se me abrió la boca del asombro y la comida casi se me precipita en caída libre a mi también) para golpear violentamente contra la tierra (y no romperse). El águila viene, lo mira, lo vuelve a agarrar y se lo vuelve a llevar, para arribar minutos más tarde a su nido y decirles a sus aguilitas recién nacidas “hoy comemos tortuga” en idioma aguiluchense. Acto seguido, comienza a introducir el pico bien adentro del caparazón, arrancando pedazos de la humanidad (no, de la “tortuguidad”) de la tortuga para pasarlos de pico en pico a sus pequeñines. Esto se repite varias veces, mientras el águila arranca tripas y tripas de tortuga para el deleite de todo pasajero en proceso de deglutir el pan con queso que viene en la bandejita.
La cagaron, dije. Tiene que haber sido un error, un mal cálculo por parte del personal de a bordo. Alguna boludez de esas. En los aviones ponen capítulos de Friends, el noticiero de la CNN, Mr. Bean, lo que sea… pero animales comiéndose unos a otros, eso nunca lo había visto. Y menos a la hora de la comida. De hecho, pensé que nunca volvería a ver algo semejante.
¡Pero a la vuelta fue lo mismo! Vuelo Amsterdam-Miami. Hora de la comida. Documental de animales devorándose en pantalla. En esta ocasión eran unos pingüinos. Muchos pingüinos (siempre son un montón) parados sobre la nieve a orillas de algún océano. Todos ahí, mirando en la misma dirección (no sé a qué carajo). Todos tiernos, simpáticos, como cualquier pingüinito. Y de repente, PLAAAAAAAAAAF!!! Emerge de las aguas un lobo marino enorme, gordo, grasoso, paposo y pesado, que se desliza sin control por la nieve atropellando todo lo que encuentra a su paso (en este caso, un montón de pingüinos) y tirando mordiscones porque, entre tanto pingüino saliendo despedido en cualquier dirección, alguno le tiene que caer en la boca. Entonces, nada, se agarra un pingüino, lo mata y todo eso y hasta te hacían un primer plano del pingüino muerto. Y mientras, venía la azafata y te preguntaba si querías más Sprite.
Lo peor de todo (o lo mejor, la verdad no sé) es que sigo sin entender. No puedo decir que todo esto me haya resultado completamente malo y equívoco, porque lo cierto es que seguí paso a paso las acciones del documental mientras comía como un cerdo. Una parte de mí se sentía indignada por estar viendo eso a la hora de la comida (no sé, de alguna manera lo asocié con eso de que hablar de enfermedades en la mesa es de mala educación), mientras la otra se devoraba esas imágenes casi en su totalidad. Diría que, más bien, todo esto generó un momento algo bizarro, de esos con los que uno no sabe qué hacer. Por eso pregunto: ¿Qué onda con esto? ¿Estuvo mal? ¿Estuvo bien? ¿Estuvo whatever? ¿Están locos los de Martinair? ¿Estoy loco yo? ¿Los demás pasajeros pensaron lo mismo? La tortuga, ¿sobrevivió a la caída o llegó muerta al nido? El pingüino muerto, ¿era soltero o casado? ¿Qué hizo el otro mono después de que se llevaron a su amigo/novio/amante/concubino? Todas estas preguntas no tienen respuesta, pero creo que le voy a mandar un mail a Martinair para hablarle de esto.

Y la tortuguita?? sobrevivió??? No lo miraste hasta el final??? Que triste!
“…para arribar minutos más tarde a su nido y decirles a sus aguilitas recién nacidas “hoy comemos tortuga” en idioma aguiluchense. Acto seguido, comienza a introducir el pico bien adentro del caparazón, arrancando pedazos de la humanidad (no, de la “tortuguidad”) de la tortuga para pasarlos de pico en pico a sus pequeñines”.
Es evidente que la tortuga no sobrevivió.
Jajajajajja!!!!!
Bizarro. Quizás era una intervención de Dick el Demasiado pero sin cumbia experimental de soundtrack.
Lo mas interesante es que WordPress sugiera:
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A no ser que Angelina haya parido una tortuga muerta, hay algo que no funciona muy bien con la internes.
me recordaste la imagen que vi en la playa, exactamente en san clemente, costa atlantica, este mismo verano , una tortuga gigante sin su caparazon y con las tripas afuera, desde ese dia no comi mas las achuras de la vaca, que tiene q ver no? pero fue terrible ver esa morcilla saliendo de su interior y todo lo demas un asco¡¡¡ e increible verlo alrededor de tantos turistas. me dio muchisima impresion¡